Comunidad Espiritual
Hay razones de tipo observacional para asegurar que las estrellas nacen en grupos, y en lugares del espacio en donde se registran cantidades importantes de polvo y gas. La vida de una estrella depende fundamentalmente de dos factores principales: el ritmo a que quema su combustible por unidad de tiempo y de la cantidad total de combustible que posea para quemar. El primero de esos factores, es simplemente su luminosidad. El segundo depende de la cantidad de materia disponible para las reacciones nucleares, que es, a su vez, proporcional a la masa de la estrella. Así, en primera aproximación, la vida de la estrella va a depender de la relación entre esas dos variables: masa y luminosidad.
Una estrella nace en medio de una nube de gas y polvo. Luego, la nube se dispersa poco a poco y la estrella queda sola. Esta última etapa en la que el gas y el polvo se alejan de la estrella puede ser observada directamente; y es debido a la presión que ejerce la radiación lanzada por las estrellas brillantes.
Por lo tanto, si las razones observacionales apuntan a que existe un nexo entre estrellas jóvenes y material interestelar, queda pendiente la pregunta de cómo a partir del polvo se origina la estrella. La gravedad es la fuerza responsable de este mecanismo, originando que el polvo interestelar se vaya condensando poco a poco.
Un examen detenido del material de esas nubes de gas y polvo, nos conduce a conclusiones importantes. En primer lugar, el análisis espectral de una estrella envuelta en una de esas nubes, muestra una serie de línas "acompañantes". Tales líneas, no son simples, sino que están divididas en otras. Eso es debido a que el medio interestelar no está distribuido por igual sino que se encuentra formando nubes, con movimientos aleatorios. Un estudio de las líneas permite deducir la densidad de las nubes, aportando un valor medio de unos 600.000 átomos/dm3 (comparado con los 60 átomos/dm3 entre nubes).
También pueden estimarse el tamaño de las nubes: el resultado medio es de unos 30-40 años luz, o sea, que estas nubes tienen unas mil veces la masa del sol. Casi todas las nubes tienen temperaturas bajas (unos 200ºC bajo cero) pero las que están cerca de las estrellas brillantes pueden ser calentadas hasta incluso los 10.000 ºC. Por lo tanto, las nubes contienen cierta cantidad de energía en forma de calor. También tienen una cierta cantidad de energía causada por los movimientos aerodinámicos dentro de las nubes, de modo parecido a los vientos que soplan en la atmósfera terrestre.
La fuerza de la gravedad que provoca la concentración del material depende del número de partículas y de su separación mutua; esto es, depende de su densidad. Al mismo tiempo, la energía interna de una nube de gas se opone a la tendencia que tiene a contraerse. Por lo tanto, el destino de una nube estelar depende de que sea mayor la tendencia gravitacional que la debida a su energía interna. En nuestra Galaxia, por ejemplo, en la mayor parte de las nubes, estas tendencias están equilibradas.
Namasté hermanos.
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