Comunidad Espiritual
Un niño pequeño por ejemplo, no ha restringido su percepción en el mismo grado en que lo hace un adulto. Es por ello que en ocasiones podrá percibir aspectos de la realidad que el adulto ya no puede ver y que comúnmente considerará fantasías infantiles. Aún la moderna Psicología no ortodoxa, ha podido dar cuenta de fenómenos en los que se observan las peculiares posibilidades de la percepción infantil. Un ejemplo de ello lo encontramos en el
fenómeno de la dermo-óptica (percepción visual a través de la piel), en la que cualquier niño con el entrenamiento apropiado es capaz de ver y leer con las manos, los pies, etc.
Señalan que generalmente, sólo los niños lo pueden aprender.
Lo que ocurre es que los adultos, por efecto de la atención, ya tienen demasiado fijos los límites y modos específicos en que han de percibir, mientras que los niños gozan de una mayor libertad en ese sentido.
El hecho es que, al momento en que aprendimos a percibir como lo hacemos por efecto de la atención, también cancelamos -casi siempre en forma definitiva- la posibilidad de percibir lo que quedó más allá. A menos que desarrollemos un trabajo disciplinado y consistente para romper la barrera perceptual que la atención -usada en la forma habitual- nos impone.
La proposición de don Juan, es que nuestra conciencia conserva secretamente la posibilidad de enfocarse sobre aspectos insólitos del mundo, sobre lo desconocido que comúnmente ni siquiera sospechamos.
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