Imaginemos una fábrica sin operarios, donde unos cuantos robots y un puñado de técnicos programadores fabrican los artículos que la sociedad consume o usa diariamente, desde un , un o una heladera hasta un . Cuesta imaginarlo, pero esto ya está pasando en el plano industrial global. Según cuenta el diario New YorkTimes del 19 de agosto, en Holanda, la compañía holandesa Phillips, usa el 10% de la cantidad de obreros que usa en China para hacer lo mismo: fabricar celulares. Mientras en el gigante asiático cientos de obreros gastan su visión creando esas miniaturas, en Holanda 128 robots lo hacen a mayor velocidad, simplemente guiándose por video cámaras. Ni hablar de otras ventajas: un robot trabaja 24 horas al día, 365 días al año, no se enferma ni necesita vacaciones. A su vez, la empresa Foxcomm en China, que es la que hace los celulares iphone para Apple, ya anunció a más del millón de empleados que tiene en todo el mundo que incorporará la robótica a sus plantas. Ya se sabe en que terminará todo esto. Otra compañía automotriz de California, Tesla Motors, ya arma sus coches de lujo usando robots que adaptan o cambian sus “manos” a las diversas tareas que tienen que hacer: soldar, remachar, pintar, etc. Ocho robots “danzan” alrededor de cada unidad que se detiene en una estación por 5 minutos. La línea produce 83 autos por día y se planean 20.000 autos por año. Esta automatización alcanza ya al empaquetamiento de mercaderías para supermercados. Aquí un robot puede tomar un producto entre miles, empaquetarlo, embalarlo para su despacho y ponerlo a disposición de un transporte para que lo lleve a su destino. Esta simplificación le permitió a la compañía Kroger, por ejemplo, despedir en una primera etapa al 20% de su personal y en una segunda etapa a los últimos 60 empleados que quedaban, excepto los programadores. Algunos preguntarán por el balance económico para la empresa que acomete el cambio. Un ejemplo lo aclara. Un sistema robótico de manufactura que costó 250.000 dólares permitió reemplazar a dos operadores que costaban 50.000 dólares al año. A lo largo de 15 años de operación, el cambio significó un ahorro de 3,5 millones de dólares para la empresa y un aumento de la productividad y sus ganancias. Los cambios tecnológicos, junto a los producidos por la incorporación de China e India al mercado mundial, están cambiando los paradigmas bajo los cuales hemos venido actuando por casi doscientos años. Ninguna región del mundo, incluida Argentina, Catamarca o la misma China están a salvo de las consecuencias que la inclusión masiva de la robótica está causando y causará hoy en el mundo. Aun las ventajas de China y su mano de obra barata han comenzado a desaparecer. En realidad, ya empezó un movimiento de regreso de compañías norteamericanas y europeas que se habían ido a Asia para aprovechar aquella ventaja relativa de los chinos. Un robot reemplaza a varios obreros, no necesita comer ni descansar; no hace huelga ni necesita doctores u hospitales. Mucho menos sindicatos. Solamente necesita unos pocos técnicos que los programen y mantengan. En lo que toca a sociedades como la nuestra, es claro que no podemos seguir creyendo en las perimidas fórmulas del pasado. Si condicionamos y asociamos nuestra idea de progreso a la industrialización y a la generación de empleos en ese sector, estamos a contramano de lo que está pasando en el mundo. Las nuevas tendencias industriales creadas por el avance de la robótica marginan la necesidad de la mano de obra. Quien esto suscribe fue educado en una escuela industrial alla por los años 50 porque la industria era la esperanza y el destino natural de quien queria progresar en un país que pretendía ser industrial. El que quería ir más allá ingresaba en la universidad y seguía alguna ingeniería con la misma esperanza. Hoy estos presupuestos van quedando atrás. Unos pocos genios diseñan el producto en los países de punta y unos cuantos técnicos puntualmente entrenados lo mantienen en los países dependientes. Quien dude de esto, lleve su automovil nuevo al taller y verá como una computadora hace el diagnóstico y dice qué es lo que hay que cambiar, marginando cada vez más al mecánico tradicional. Si mentalmente hacemos lugar a esta realidad, cabe preguntarse qué o quién generará empleos entre nuestra población ¿El Estado? Y a éste, ¿quién le llenará las arcas? Los que hacen los robots se defienden diciendo que el uso de esta tecnología generará empleo a otro nivel superior, en diseño, operación y servicio de líneas de montaje automatizadas. Un informe de la Federación Internacional de Robótica informa que 150.000 personas ya están empleadas en el área de robótica en el mundo. Pero esto no alcanza para nuestros países, donde hablamos de millones de obreros con apenas educación básica secundaria. El problema es serio y así lo entienden países como EE.UU., que comprenden que para mantener su competividad en el mercado global y mantener su posición dominante, deben avanzar en estos campos de la educación, preparando al mercado laboral para esos trabajos de punta. Una medida de la gravedad que encierra el futuro está definida por lo que dicen dos científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts o MIT, cuando declaran que la inclusión masiva de robots en la industria manufacturera va a causar una revolución similar a la que generó la incorporación de la tecnología en la agricultura, donde el empleo en este sector cayó del 40% a solamente el 2% de la población activa. Esto significa, lisa y llanamente, la posibilidad de la eliminación masiva de miles de puestos de trabajo en la industria manufacturera en los años venideros. Ante esta realidad, el desarrollo industrial como idea salvadora no tiene base, y nuestra estructura educativa al servicio de ese paradigma tampoco. La situación obliga a reflexionar. El capitalismo que generó la revolución industrial a partir del siglo 18 y desarrolló la ciudad como un depósito de mano de obra, no la necesita más. El robot torna obsoletos al trabajador y a la misma ciudad. Los cambios están a la vista y ya invaden el mundo desarrollado. La internet va obviando la necesidad de ir a un centro comercial a comprar ropa o electrodomésticos, de ir a un banco para hacer alguna transacción y hasta la necesidad de usar el correo. Se dice que el celular hizo posible las grandes convulsiones que arrasaron con muchos gobiernos en el mundo árabe, algo impensable cinco años atrás. Ya se habla de la computadora reemplazando al médico para hacer un diagnóstico. El masivo avance tecnológico está echando por tierra nuestras presunciones e intuiciones de la realidad. Qué saldrá de toda esta revolución creada por el reemplazo casi total del hombre por la máquina, es difícil de predecir. Lo que no podemos obviar es la necesidad de discutir estos temas en todos los niveles y en forma conjunta, en la familia, con los colegas y amigos, partidos políticos, gobierno y sociedad.
¡Necesitas ser un miembro de LeyCosmica para añadir comentarios!
Participar en LeyCosmica