Comunidad Espiritual
En estos días dando vueltas por aquí por la Internet, me conseguí con un articulo cuyo titulo llamo de inmediato mi atención: Teoría de la Información. Casi que relumbraba como un anuncio de neón. Se trata de toda una ciencia que ha sido desarrollada como una rama de la matemática, de la probabilidad y la estadística, que estudia la información y todo lo relacionado con ella. Toda una teoría desarrollada alrededor de la creación, el manejo y la transmisión de datos entre distintos sistemas a través de un medio. Es una teoría matemática que forma la piedra angular sobre la cual se ha desarrollado toda la teoría actual de la comunicación y la codificación. Establece los límites de en cuánto se puede comprimir la información y de cuál es la máxima velocidad a la que se puede transmitir.
La primera dificultad que encuentra la teoría de la información, es esencialmente, delimitar el objeto de su estudio. En un sentido general, la información viene a ser un conjunto organizado de datos procesados, que constituyen un mensaje sobre un determinado ente o fenómeno, mensaje el cual, puede ser codificado, transmitido, decodificado y comprendido por un destinatario.
En general, puede llamarse información a todo suceso capaz de transmitir datos, “conocimientos” entre un emisor y un receptor a través de un medio de comunicación. Consiguientemente, esta teoría debe considerar por una parte, la naturaleza de los sujetos terminales del mensaje que irá cifrado según una codificación simbólica, y por otra parte, el medio por el cual se transfiere la información, con el fin de mejorar la calidad y el aprovechamiento de los datos transmitidos.
Pues bien, la forma en como esta información es generada, codificada, transmitida, recibida y decodificada, viene a ser el objeto de estudio de esta relativamente nueva ciencia de la Teoría de la Información que se diferencia de la “Informática” por cuanto esta ultima viene a ser aquella disciplina que se ocupa única y exclusivamente del tratamiento automático de la información por medio de un sistema electrónico, es decir, del estudio de métodos, procesos, técnicas, desarrollos y su utilización en ordenadores con el fin de almacenar, procesar y transmitir información y datos en formato digital.
Quien primero se ocupó de esta nueva Teoría de la Información inicialmente en 1948, fue el ingeniero electrónico estadounidense Claude E. Shanonn quien estructuró y sistematizó este campo de conocimientos y expuso un método para medir la cantidad de información contenida en un mensaje. Aportaciones posteriores de matemáticos y lógicos, como el soviético Andréi Kolmogorov, enriquecieron los postulados de Shannon, complementados con los resultados de la teoría de la probabilidad y la estadística.
Y salta a la vista toda esta ciencia de la Teoría de la Información, por cuanto en el asunto que nos interesa y nos ocupa, creación y evolución, se habla de “información genética” contenida en la molécula de ADN que es transmitida en la reproducción de los seres vivientes, de una generación a otra por medio de los denominados “códigos genéticos” contenidos y codificados en los genes.
Pero continuemos con la Teoría de la Información.
El tipo de sistema de comunicación más estudiado por esta teoría consta de varios componentes. El primero es una fuente de información que produce un mensaje o información que será transmitido. El segundo es un transmisor que convierte el mensaje en señales electrónicas, electromagnéticas, de ondas sonoras, o de cualquier naturaleza que permita su trasmisión. Estas señales son transmitidas a través de un canal o medio, que es el tercer componente, como puede ser un cable, el aire. Este canal es especialmente susceptible a interferencias procedentes de otras fuentes, que distorsionan y degradan la señal, son las llamadas fuentes de ruido. Los datos no sólo han de ser emitidos y comprendidos por el receptor de una forma correcta, sino que deben viajar por el canal de comunicación sin sufrir excesivas distorsiones o modificaciones que pudieran llegar a alterar su contenido y su significado. El cuarto componente es el receptor, que transforma de nuevo la señal recibida en el mensaje original capaz de ser captado por el destinatario y el último componente es el destinatario, como por ejemplo una persona escuchando el mensaje.
La cosa parece muy sencilla: Una fuente de donde se origina la información y la emite en forma codificada de manera tal, que pueda ser procesada y “leída” a los fines de su compresión por el destinatario. Un medio por el cual dicha información viaja y se transmite, para lo cual, se hará uso de todos los recursos o dispositivos tecnológicos o de cualquier índole que se requieran para lograr una transmisión efectiva, y un destinatario que debe ser capaz de decodificar la información y comprenderla. Pero uno de los aspectos mas importantes que es objeto de estudio por los Teóricos de la Información es lo relativo a la información en si misma, en la manera en como esta se encuentra codificada y condensada, comprimida es decir, el lenguaje y la codificación.
Una condición es indispensable: el mensaje debe estar cifrado por su creador, es decir por la fuente, mediante un sistema que sea posible de decodificar y comprender por el destinatario. Este sistema puede ser desde un lenguaje universal, comprensible por un universo de personas, hasta un “código secreto”, entendible única y exclusivamente por la fuente y el destinatario. Pero es condición sine qua non para que la transmisión de información se produzca de manera efectiva, que el mensaje este codificado por el emisor de manera que pueda ser decodificado por el receptor.
La transferencia de información entre dos sistemas se efectúa a través de señales comprensibles tanto por el emisor como por el receptor. Dichas señales se hallan compuestas por signos elementales, de cuya combinación resulta el mensaje deseado.
Existen multitud de métodos de codificación de señales. Así, los alfabetos ideográficos, como el chino, emplean una gran cantidad de signos, mientras que los alfabetos simbólicos (todos los occidentales, el árabe, el japonés, etc.) se basan en las combinaciones de un conjunto limitado de letras.
Nuestro lenguaje, por ejemplo, se compone de un conjunto de sonidos o fonemas, representados por “letras” que estructuradas en secuencias componen una palabra la cual contiene en si misma un significado o concepto. A su vez, Una secuencia de palabras producen una frase u oración que en conjunto, expresan una idea, y a su vez, un conjunto de oraciones o ideas pueden llegar a expresar toda una obra literaria o científica.
Estas secuencias en la formación de las palabras están predeterminadas y tienen cada una un significado preestablecido y las secuencias de palabras se rigen por un conjunto de reglas que le dan contenido al conjunto. Si el emisor usase una secuencia de letras o reglas no previamente acordadas, el mensaje simplemente no tendrá significado alguno para el destinatario quien simplemente no podrá comprenderlo, es decir, no se habrá producido la transmisión de información y el propósito u objeto para el cual fue transmitida no se habrá cumplido.
Otro concepto fundamental en la teoría de la información es la cantidad de información contenida en un mensaje lo cual, es un valor matemático bien definido y medible.
La entropía, en la teoría de la información, es una magnitud que mide la información provista por una fuente de datos, es decir, lo que nos aporta sobre un dato o hecho concreto. Por ejemplo, que nos digan que las calles están mojadas, sabiendo que acaba de llover, nos aporta poca información, porque es lo habitual. Pero si nos dicen que las calles están mojadas y sabemos que no ha llovido, aporta mucha información.
Nótese que en el ejemplo anterior la cantidad de información es diferente, pese a tratarse del mismo mensaje: Las calles están mojadas. En ello se basan las técnicas de compresión de datos, que permiten empaquetar la misma información en mensajes más cortos. La idea en la maximización de la transmisión de información, en la de aportar la mayor cantidad de datos posibles en mensajes lo mas cortos comprimidos o compactos posibles.
La medida de la entropía puede aplicarse a fuentes de información de cualquier naturaleza, y nos permite codificarla adecuadamente, indicándonos los elementos de código necesarios para transmitirla, eliminando toda redundancia.
Ahora bien, cuando aplicamos estos conceptos desarrollados por la Teoría de la Información con el asunto que nos interesa, es decir, creación y evolución, se hace necesario y fundamental, identificar el momento en que la transmisión de la información genética contenida en el ADN se consume, es decir, el momento en que el sistema “fuente – mensaje codificado – medio – destinatario” en el proceso de transmisión de información genética, se ejecuta.
En biología molecular, existe un concepto que se ha dado en llamar “Dogma Central” que ilustra los mecanismos de transmisión y expresión de la herencia genética. Propone que existe una unidireccionalidad en la expresión de la información contenida en los genes de una célula, es decir, que el ADN es trascrito a ARN mensajero y que éste es traducido a proteína, elemento que finalmente realiza la acción celular. El dogma central también postula que sólo el ADN puede replicarse y por tanto, reproducirse y transmitir la información genética a la descendencia. Fue propuesto por Francis Crick en 1970.
De manera que como “Dogma Central” se conoce el flujo de información que tiene lugar en los seres vivos desde el genotipo tanto, para formar el fenotipo, como para transmitir dicha información a la siguiente generación en el proceso de reproducción sea esta sexual o asexual.
En último término, los caracteres fenotípicos vienen determinados por la existencia de proteínas. Por ejemplo, la capacidad de tener la piel pigmentada depende de una reacción química en la que se forma el pigmento melanina. Para que esta reacción tenga lugar se necesita una enzima específica. Las enzimas son proteínas. Si en un individuo falta esta enzima la melanina no se forma, dando lugar al defecto hereditario que conocemos como albinismo. En último término, todas las características y funciones de un ser vivo tienen lugar gracias a que para cada función hay una proteína específica.
Crick sintetizó esta idea en lo que él llamó el dogma central de la biología, que especifica que el ADN se traduce ARN y este, a su vez, dirige la producción de proteínas.
ADN → ARN → Proteínas
Según este postulado, la información fluye de manera unidireccional, no puede moverse de las proteínas al ADN. Es decir, una vez que la información llega a las proteínas, estas no pueden ser cambiadas o, lo que es lo mismo, las proteínas no pueden influir los genes. Aunque ultimas investigaciones, han determinado casos en los que este principio ha sido cuestionado.
Pero la otra función del ADN es la de transmitirse a su descendencia. Esto lo hace el ADN duplicándose a sí mismo en un proceso conocido como replicación.
En la reproducción asexual, en la cual interviene un solo individuo generalmente un organismo unicelular, a través de un proceso conocido como mitosis, de una célula madre, resultan dos células hijas genéticamente idénticas por cuanto estas provienen de la previa duplicación del ADN de la célula madre. En organismos multicelulares la reproducción asexual se produce al desprenderse una sola célula o trozos del cuerpo del individuo ya desarrollado que por procesos mitóticos, son capaces de formar un individuo completo genéticamente idéntico a él. Se lleva a cabo con un solo progenitor.
En la reproducción sexual, en la cual intervienen dos individuos, el nuevo organismo recibe la mitad de su ADN de cada uno de sus padres. El organismo masculino por una parte y el femenino por otra, aportan cada uno la mitad de la información genética contenida en los denominados gametos, protagonistas principales de la fecundación, en la cual ambos gametos se fusionan. Una vez combinados ambos cromosomas, masculino y femenino en el denominado cigoto, este comienza a reproducirse por medio de mitosis sucesivas para producir las nuevas células que conformaran el nuevo organismo. Estas células, por medio de procesos de especialización, van formando progresivamente cada uno de los órganos y tejidos del nuevo ser, el nuevo organismo multicelular hijo. Así, este individuo, el “hijo”, es genéticamente distinto de ambos progenitores y así es como por medio de la reproducción sexual se genera la variabilidad genética.
De manera que podemos distinguir tres situaciones en las que la información genética se transmite:
En primer lugar, en el denominado proceso de “Replicación del ADN” que se produce antes de la mitosis. Es el mecanismo que permite al ADN duplicarse. La molécula de ADN se abre como una cremallera por ruptura de los puentes de hidrógeno entre las bases complementarias liberándose dos hebras. Luego, en la mitosis en si, el llamado ADN polimerasa sintetiza la mitad complementaria añadiendo nucleótidos que se encuentran dispersos en el núcleo. De esta forma, cada una de las nuevas molécula es idéntica a la molécula de ADN inicial.
En segundo lugar, en el proceso de combinación de los ADNs masculino y femenino en el momento de la fecundación en la reproducción sexual, de lo cual se genera el Cigoto, célula resultante con una carga de información genética distinta a la de sus progenitores.
Y en tercer lugar el denominado Dogma Central propiamente dicho, proceso mediante el cual, como ya dijimos, las células producen las proteínas necesarias para formar las características y ejecutar las funciones necesarias de un ser vivo.
Existe un cuarto proceso denominado meiosis mediante el cual, de una célula madre con la carga genética completa, es decir diploide, se generan cuatro células hijas con la mitad de la carga genética original, es decir haploides. En la Meiosis la molécula de ADN de la célula madre se divide y se transmite dividido a las nuevas células hijas (gametos) los cuales serán los encargados de llevar la correspondiente mitad de la información genética, masculino por una parte y femenina por otra, en la fecundación.
En realidad no vale la pena a los efectos de este pequeño articulo, realizar una descripción detallada del denominado “dogma central” o de cada uno de los procesos de transmisión de información genética que hemos visto los cuales, de acuerdo a cada una de las descripciones, parecieran corresponder a procesos químicos internos en los organismos pero que desde un punto de vista particular, constituyen verdaderos procesos vitales, mas bien especies de comportamientos o conductas subyacentes en las células, casi místicos en su apariencia, pero eso si, fundamentales en los seres vivos por cuanto garantizan por una parte, la continuidad y la conservación de las especies y por otra, la perpetuidad de la presencia de la vida en el planeta y en consecuencia en el universo por ser estos procesos durante los cuales las denominadas mutaciones se producen permitiendo así, tanto la adaptación por una parte de los seres vivos a nuevas circunstancias ambientales o naturales; como la evolución por otra, como proceso de “perfeccionamiento” de la naturaleza en su conjunto es decir, la evolución como el camino de la naturaleza hacia su inescrutable e incognoscible propósito.
Pero comencemos por analizar, desde el punto de vista de la “Teoría de la Información”, el mensaje genético. Sabemos al menos que existe y que viene contenido tal mensaje, en la molécula del ADN, que viene codificado en secuencias de enlaces químicos, que se organizan en
genes de los cuales como hemos visto, algunos deben ser “Genes Directores”. Que estos genes significan o controlan alguna característica, función o comportamiento. Que el gen fulano produce tal cosa y que el gen sutano produce tal o cual otra, y también sabemos que dicha transmisión de información se rige bajo ciertas reglas como lo son por ejemplo, las leyes de Mendel.
Pero en realidad no hemos logrado descifrar el “código genético” es decir “leerlo” como se ha podido descifrar y leer por ejemplo recientemente el “código Maya”, es decir no hemos podido leerlo en el significado esencial de cada secuencia genética (tal vez los biólogos aun no han contratado aun los servicios de un criptólogo) Las preguntas son: ¿Cómo unos cuantos y simples enlaces químicos ordenados en secuencias pueden transmitir tan trascendente y compleja información? - ¿Quién originalmente creo y organizo este código genético y le dio significado? - ¿Cuál es el verdadero mensaje y a quien esta dirigido? - ¿Cómo se origino el primero de los mensajes, la primera secuencia con significado genético y las sucesivas transformaciones secuenciales, las mutaciones? – ¿Acaso fueron tal como lo sostiene la teoría de la evolución, producto del azar?
Despojemos a la molécula de ADN de todo aquello que la rodea en una célula y dejémoslo desnudo. Que nos queda? , un simple compuesto químico como cualquier otro, inerte, sin vida, simples enlaces químicos, tal como un polímero común cualquiera, como por ejemplo el nylon o el polietileno.
Vista así, la molécula de ADN simplemente no contiene ninguna característica especial que la haga catalogarla o diferenciarla de los demás polímeros que sirva para distinguirla como protagonista excepcional en los procesos de transmisión genética en la naturaleza.
Para ilustrar mejor este concepto, tomemos por ejemplo, la escritura cuneiforme, la forma mas antigua de la expresión humana escrita. Tal como la vemos nosotros vulgos analfabetas en criptología, la escritura cuneiforme se nos presenta a la vista solo como una serie de incomprensibles simbolos de bastoncitos agrupados en secuencias sin significado alguno, imposibles de leer. Y así fue en un principio para todo criptólogo cuando fue descubierta esta forma de escritura. Solo cuando ha sido posible descifrarla, es que ha podido leerse su contenido y significado mientras tanto, todos estos tipos de escritura como la cuneiforme, se nos muestran como una serie de dibujitos, símbolos o pictogramas sin ningún significado. De tal manera que estas formas pictográficas no tienen por si mismas significado alguno, no se crearon a si mismas como formas de escritura capaces de transmitir información, solo la conciencia humana, la de sus creadores, es la que le ha conferido su significado. Un solo vistazo a una de estas tablas escritas en cuneiforme nos revela, manifiesta y evidencia su origen creativo y elaboración humana. Esto supone un relación directa, una conjunción entre el mensaje como información cifrada y el sujeto de donde proviene sin que sea posible separarlas, de modo que la pareja, fuente – mensaje, es esencial en cualquier proceso de transmisión de información, sea esta fuente primaria u originaria, sea fuente accesoria, supletoria o accidental.
Ahora contemplemos a la molécula de ADN en función transmisora genética en una célula viva, alli, esta molécula despliega toda una serie de comportamientos y procesos dirigidos a transmitir la información en ella contenida, conducentes por una parte a la preservación de la célula como individuo mediante las funciones que aseguran la continuidad de la energía vital y la integridad física del organismo como por otra parte, al aseguramiento de la conservación de la especie mediante los procesos de reproducción y procreación, incluyendo en ello, el proceso de evolución y consecuente generación de nuevas especies que aseguren la tan importante y trascendental biodiversidad entendida como medio de autopreservación de la naturaleza vista como un todo . Y todo ello, dirigido por el proceso de transmisión de información contenido en este minúsculo objeto, la molécula de ADN.
Se convierte así la molécula de ADN de un simple compuesto químico inerte al elemento mas esencial en el proceso de continuidad de existencia de la vida, al transformarse en aquel componente capaz de transmitir la información necesaria que garantice la integridad de los organismos vivientes como individuos, de la especies a las que pertenecen, y de la naturaleza como un todo.
Algo es seguro, el ADN no se atribuyo a si mismo el carácter de portador y transmisor de la información genética, es decir, no se creo a si mismo como contenedor y transmisor de dicha información, ni todos los demás componentes químicos, estructurales o funcionales que conforman las células, la escogieron como tal en ese sentido. Ello seria aceptar que la molécula en si misma o en ultima instancia, el conjunto de dichos elementos estructurantes de la célula, constituyen la conciencia creadora del código genético. Podríamos tomar una molécula de ADN y desmenuzarla en todas partes físicas buscando el origen de su naturaleza informática sin jamás encontrarla por una sencilla razón: la información no es un ente material. Solo los medios por el cual se transmite lo son. La información es en si misma un ente inmaterial que solo supone un significado y en consecuencia, la molécula de ADN no constituye en si misma la información genética que transmite.
Existe la tesis de que la vida en la tierra se generó de manera espontánea, algo así como que existía una especie de “sopa primitiva” en la cual un conjunto de moléculas orgánicas atacadas por las condiciones ambientales extremas de la Tierra originaria, comenzaron a reaccionar químicamente entre si para formar por una parte, las primeras moléculas de aminoácidos y por otra, toda una serie de compuestos denominados fofsfolípidos que según, pudieron haber formado espontáneamente unas tales “bicapas lípidas”, elemento básico de la membrana celular. Y así, progresivamente en algo que se ha dado en llamar la “Hipótesis del mundo de ARN” se sostiene que unas cuantas cadenas poliméricas de ARN pudieron finalmente, después de una serie de accidentes químicos, formar los primeros ribosomas de allí en adelante, se comienza a describir dentro de esta tesis de la espontaneidad, toda una secuencia de eventos que explican como finalmente de manera sintética y aleatoria se formo la vida.
Esta tesis para quien tenga conocimientos avanzados de química, resulta fácilmente de imaginar por cuanto describe hipotéticamente a través de una secuencia de eventos de ocurrencia puramente al azar, la formación de la primera célula. Y es por ello precisamente, por ser posible de suponer en una secuencia de eventos que es posible de formular dicha hipótesis de la aparición de la vida, sin embargo, esta hipotética secuencia de eventos fisico-quimicos según los cuales se formo la primera célula, no explica como fue que cobro vida. Es decir, tuvo que haber un momento, un único instante, si es que así fue, que se produjo, que todos estos ingredientes, simples elementos químicos combinados, produjeron la primera chispa de vida, incluido en dicho proceso, el instante en que la molécula de ADN paso de ser un simple polimero inerte a conferírsele la función de contenedor y transmisor de la información genética.
El ADN como transmisor de información es algo vivo, no existe secuencia de eventos que puedan explicar como se produjo este cambio, como se estructuro el lenguaje genético, como se le dio significado a cada una de las secuencias nucleótidas, algo que descarta la posibilidad de una secuencia de procesos químico al azar, y que por el contrario nos hace intuir un proceso absolutamente de creación consciente.
Y es aquí donde reside la pared, el muro de concreto armado con el cual se encuentran todas estas hipótesis sobre el origen de la vida: Los procesos vitales dentro de una célula son mas que meros procesos químicos. Ellos constituyen a todas luces un comportamiento tanto como interno que le asegure la continuidad de la energía vital al individuo, tanto como en su relación con su medio ambiente exterior, con su entorno, que obliga al organismo a desplegar toda una serie de conductas que conlleven a la resolución de los problemas que en esa relación individuo-entorno se producen, es decir un nivel de inteligencia cuyo mayor exponente viene a ser la inteligencia humana cuya máxima expresión viene a ser la conciencia tanto de su propia existencia como la del universo, característica fundamental incapaz de explicarse en su origen mediante una secuencia de eventos físico-químicos.
Ahora bien, si nos atenemos estrictamente a la Teoría de la Información, causante principal de este articulo, entonces debió haber habido una fuente desde la cual tuvo origen la codificación de la información genética a través de la molécula de ADN. Una fuente originaria que la estructuro en secuencias nucleótidas agrupadas en genes en esta molécula. Una fuente originaria, un creador que le dio sentido a esas secuencias y que las hizo capaces de transmitir dicha información, de ser captada, descifrada, procesada y consecuentemente realizadas las instrucciones transmitidas.
Y quien es esta fuente originaria, esta entidad creadora, donde reside?, como esta es una pregunta que no podemos contestar y para no traspasar los limites de las connotaciones religiosas que nos desvíen de la discusión, simplemente pongámosle un nombre neutro a esta fuente
originaria y llamémosle el “Ser”. Es así que el “Ser”, es una entidad que no existe física ni
metafísicamente, por cuanto no existe en el mundo sensible. Una entidad incapaz de ser conceptuada, de ser definida como es capaz de definirse por ejemplo una célula o la moral. El “Ser” es solo una entidad capaz de ser intuida, es solo a través de la intuición que podemos percibir la existencia del “Ser”. Cuando algo se nos presenta con la pretensión de ser el “Ser”, antes de decidir sobre ello, debemos preguntarnos si podemos disolver ese pretendiente a “Ser” en otra cosa distinta a él. Como ha sido posible descomponer la aparicion de la vida en la tierra en una secuencia de eventos fisco-quimicos y como es posible descomponer la molécula de ADN en todas sus secuencias nucleótidas. Si esto es posible, si este pretendiente a “Ser” es posible de reducir, entonces por consiguiente no es autentico, no es puro, por cuanto contiene otras cosas en si. Pero cuando llegamos a un punto en que en que por mucho que hagamos no podemos disolver, descomponer o disgregar mas allá de un limite a este pretendiente de “Ser”, entonces este tendrá la posibilidad de ser un “Ser” autentico.
De manera que el “Ser” solo puede ser intuido. Lo intuimos cuando no somos capaces de reducir y descomponer o disgregar mas allá de un limite las cosas materiales o inmateriales como por ejemplo, en la descomposición que hacemos del origen del universo y entonces nos encontramos con el enigma de ese limite en el cual no podemos pasar mas allá del Big-Bang, ¿que había antes del Big-Bang? allí intuimos le existencia del “Ser”. En la descomposición que hacemos de la expansión del universo y nos encontramos con la gran incógnita, con el enigma, de lo que existe mas allá de los limites del universo ¿hacia donde se expande?.
Es así como intuimos la existencia del “Ser”. En la descomposición que hacemos en una secuencia de eventos fisico-quimicos del origen de la vida y entonces nos encontramos con ese limite, ese enigma en el cual una simple combinación de elementos pasaron de ser simples compuestos inertes a transformarse en un organismo viviente. En la disgregación que hacemos de la molécula de ADN para comprender su significado genético y nos encontramos con ese limite en el cual dicha molécula paso de elemento inerte a contenedor y transmisor de la información genética necesaria que garantice la continuidad de la vida.
Es así que el “Ser” ha enviado un mensaje codificado en su idioma, el idioma de la naturaleza, un mensaje en el cual el código genético constituye solo una de la oraciones. Un mensaje que se eleva hacia la naturaleza inmersa en el universo y que al igual que el “Ser”, no es posible de ser conceptuado, solo intuido, un mensaje que va mas allá de la descomposición, análisis y final descubrimiento del mapa genético. Un mensaje que es capaz de ser intuido en sus resultados es decir, tanto en la existencia de cada uno de nosotros como individuos conscientes como en la existencia individual de cada uno de los seres vivos que habitan en el universo. Un mensaje que también y aun con mas fuerza, es capaz de intuirse en la naturaleza en si misma como un todo, como un ente único compacto, con vida e identidad propia inmerso en un universo que nos hace igualmente intuir un ecosistema universal que traspasa los limites del sistema solar y mas allá, de la Vía Láctea . Un mensaje que contenido en la vida en si misma se nos envía. Allí esta, el mensaje.
Y si existe una fuente que intuimos como el “Ser”, y si existe tangiblemente perceptible y comprobada la existencia de un mensaje, entonces, y siguiendo los principios de la “Teoría de la Información”, debe haber un destinatario a quien esta dirigida la información dentro del mensaje transmitido. Sea usted el destinatario.
Ahora dirijamos nuestra atención a las mutaciones.
Supongamos por un momento, que en la utilización de letras para formar palabras que contengan un concepto que se quiera transmitir, la escogencia y secuencia de las letras se produzca por azar. Las palabras simplemente no tendrían significado alguno y el proceso de transmisión de información no se produciría, resultaría a todas luces ininteligible para cualquiera que tratase de decodificar el mensaje. En este caso, estaríamos en presencia de un “antisistema” lingüístico sin elementos ni reglas preestablecidas que permitiesen la intercomunicación.
Hagamos un pequeño ejercicio matemático para entender mejor: el abecedario del idioma español se conforma de 27 letras, el numero total de combinaciones posibles entre letras, desde combinaciones formadas de una sola letra hasta 12 letras por ponerle un limite, es un numero que se define como: 27 + 27^2 + 27^3 + 27^4 + 27^5 ...... +27^12 es decir, un total de 155.867.505.885.345.240 combinaciones de las cuales, solo alrededor de 80.000 constituyen las “palabras” del idioma castellano con algún significado.
Y es que en cualquier idioma, las palabras, tienen cada una un significado o concepto preestablecido y cuando nos disponemos a transmitir una idea que conlleve la utilización de un conjunto de palabras preestablecidas escogemos aquellas que creemos correctas en su significado y la secuencia entre ellas se rige dentro de un sistema con reglas igualmente preestablecidas para que dicha idea sea entendida por todas de las personas que hablan nuestro idioma.
Ahora bien, una mutación viene a ser una alteración de la información genética que ocurre durante el proceso de transmisión y que resulta en la modificación de la estructura de las secuencias nucleótidas en la molécula de ADN las cuales serán capaces de heredarse a las nuevas generaciones.
Es evidente que la secuencia genética modificada, el nuevo gen, debe ser capaz de trasmitir la información de modo que pueda ser decodificada y produzca los resultados esperados. Es decir, el gen modificado debe tener un “significado genético” y la nueva secuencia debe ser específica, concreta y determinada a los fines del lenguaje genético para que pueda ser captada, decodificada, procesada y produzca los resultados deseados.
En la molécula de ADN las secuencias de enlaces se forman a partir de cuatro bases únicas, adenina, timina, citosina y guanina simbolizadas en las letras A, T, C y G, de modo que la “A” solo se combina con la “T” y la “C” solo con la “G”. Si un gen promedio tiene un total de 1000 enlaces nucleótidos formados en secuencias, entonces tendríamos un total de 4^1000 numero de combinaciones posibles, es decir un total de 1.15 x 10^602 (un 115 con 600 ceros) de combinaciones en un solo gen. Esto significa que para que una mutación producida al azar en un gen en un organismo fuese la acertada, sea favorable al organismo, que este sobreviva y pueda ser transmitida a las nuevas generaciones tal como lo sostiene la actual teoría de la evolución, tiene un porcentaje de probabilidad de acertar de una en esa inimaginable cifra de 115 con 600 ceros, un poco mas, un poco menos, dependiendo del tamaño del gen.
Pero las cosas no se quedan allí, esta inconcebible y astronómica cifra, habría que multiplicarla por el numero de genes de un determinado organismo. Para tener una idea de las probabilidades de acertar una mutación en dicho organismo, si tomamos por ejemplo el ser humano cuyo genoma tiene, según sus descubridores, un total de 35.000 genes, (aunque hay quienes aseguran que son 66.000) entonces una mutación al azar favorable que por selección natural sobreviva y sea transmitida a las siguientes generaciones de la raza humana, tendría la probabilidad de producirse de una sobre la inconcebible e incomprensible cifra de 40.25 x 10^605 de combinaciones posibles. Un porcentaje de probabilidad muy cercano al cero.
Y cuantas de este inimaginable numero de secuencias tendrían un “significado genético”? no lo sabemos, pero para darnos un idea, tomemos por ejemplo a los animales vertebrados, si los analizamos descartando las particularidades de cada una de las especies y miramos las cosas comunes que tienen, nos damos cuenta que todos son absolutamente similares en su estructura, un esqueleto, una masa muscular, un conjunto de sistemas internos, digestivo, circulatorio, nervioso, respiratorio, todos tienen una cabeza donde se alojan la mayoría de los sentidos, el cerebro, es decir, todos son exactamente iguales en su estructura y lo han sido así desde que apareció el primer vertebrado terrestre sobre el planeta hace 375 millones de años. Son pocos, al parecer los significados genéticos en relación al cuasi-infinito numero de posibilidades de transformación a través de las mutaciones genéticas que se han producido en 375 millones de años.
Y es este el contexto en el cual descansa uno de los pilares fundamentales de la Teoría de la Evolución, las mutaciones al azar y la selección natural. Una enorme e inimaginable cantidad de posibilidades secuenciales y un pequeño e insignificante numero de secuencias con significado genético conocido en el conjunto del total de especies de seres vivos que existen o han existido. Un azar que se presenta como única alternativa dentro de los limites de nuestra pequeña capacidad de raciocinio, ante esa frontera, ese limite del cual hablábamos, mas allá del cual no somos capaces de descomponer, de disgregar o de reducir en este caso, el proceso evolutivo de las especies sin hacer uso de esta justificación teórica como lo es el azar en la teoría de la evolución. Un azar como única alternativa a una pregunta sin respuesta: ¿Qué impulsa a la evolución de las especies?. ¿Cómo en realidad se producen las mutaciones? Si descartamos el azar como aparentemente debe ser descartado, nos encontramos nuevamente con ese limite en el que nuevamente se nos presenta en la intuición, la existencia del“Ser”. ¿Si no es alzar entonces ...?
Y es aquí bajo estas interrogantes premisas donde ambas teorías se fusionan, la Evolución y la Creación, y comenzamos a ver a la evolución como un proceso creativo y la creación como un proceso evolutivo, y comenzamos a intuir y comprender un poco mas el mensaje del “Ser”, un mensaje enviado en su idioma, el Idioma del Creador.
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Permalink Responder para Andres el febrero 1, 2013 a las 1:42am se puede encontrar una relacion con cada observacion en nuestro entorno con la manera en que se encuentra la informacion y la comunicacion en todos lados. Visto del lado de la evolucion como seres humanos, en nuestra cultura podemos aprender de la propia naturaleza a codificar nuestro propio conocimiento, administrarlo e incluso que evolucione por si solo, esto daria un avance tremendo en todo el mundo, imagina que cualquier persona tenga acceso a toda la informacion que haya hasta el momento en todo el mundo y ademas encontrarla facilmente asi como a nuestro cuerpo no lo cuesta trabajo encontrar la informacion en nuestro ADN. Pero realmente valioso es darse cuenta de como interactua cada elemento de la informacion natural, el significado profundo de como se mueve la misma informacion, esto lo puede hacer cualquier persona en cualquier momento.
Permalink Responder para Ricardo Riera el febrero 1, 2013 a las 2:38pm El texto es un intereante lazo que une lo científico y lo espiritual. La lógica por si misma nunca podrá explicar la armonia en que se desenvuelvela vida. La verdad requiere de la cooperación de la intuición y de la razón. Ahora nuestra sociedad actual está gobernada por la razón y no da crédito alguno a la intuición lamentablemente. Pues aparentemente hay un conflicto inevitable entre el razonar y el intuir. Me pregunto si será posible resolver esta aparente contradicción que se ve obligado a enfrentar el ser humano.
Permalink Responder para Andres el febrero 4, 2013 a las 5:14am me gusta mucho la ciencia, y te puedo contar que he estado en concursos de conocimientos y las únicas veces que me va bien es cuando incluyo la intuición, incluso han creído que copio los resultados y que pongo tonterías espero no me lo tomes a presunción solo te quiero compartir que si es posible unir las dos partes y que es fantástico.
Permalink Responder para Ricardo Riera el febrero 4, 2013 a las 1:39pm Que genial, yo he escuchado que numerosos matemáticos hacen uso únicamente de la intuición para sus teoremas o axiomas y luego encargan a sus ayudantes a demostrarlo. Que bien que tengas esa facilidad para hacer convivir intuición y razón... felicidades. :)
Permalink Responder para Luis José Flores Brea el febrero 4, 2013 a las 3:35pm La intuición es el método por excelencia de la filosofía y antiguamente, todas las ciencias pertenecían a la filosofía pero poco a poco, en la medida en que estas se especializaron en su objeto, se fueron desprendiendo de aquella y así, las ciencias como hoy las conocemos se ocuparon solo de lo que los filósofos denominan "el mundo sensible", dejando a un lado "el mundo metafísico", el mundo de la intuición, estancándose solo en las observaciones y corroboraciones de la realidad, del mundo real tal como se nos presenta ante los sentidos creando así esa brecha que artificialmente existe entre lo espiritual, o "sobrenatural" por nombrarlo de alguna manera, y lo material.
Permalink Responder para Luis José Flores Brea el febrero 4, 2013 a las 3:51pm Por ejemplo, desde un punto de vista puramente bio-fisiológico, un pensamiento viene a ser un flujo de corriente eléctrica que fluye a través de un multimillonario numero de neuronas en el cerebro. Y hemos visto como la ciencia ha logrado medir la intensidad de este flujo eléctrico y localizarlo en el cerebro, inclusive, ha logrado crear un "mapa cerebral" de los pensamientos y sentimientos según su categoría pero ese flujo eléctrico en el cerebro cuando se produce, ese pensamiento contiene en si mismo un significado. La pregunta es ¿¿Quien le atribuye un significado a ese flujo eléctrico denominado "pensamiento?. Aquí comienza a actuar la intuición a darle respuesta a ese ¿quien? y así, los psicólogos lo llaman el "Yo", los metafísicos el "espíritu", los religiosos el "alma" etc. etc. y nos encontramos nuevamente con esa incapacidad de conceptuar y delimitar este ente, este ser interno capaz de darle un significado a ese flujo eléctrico que circula por las neuronas de cada uno de nuestros cerebros, pero sabemos que existe porque podemos "intuirlo".
Permalink Responder para Luis José Flores Brea el febrero 4, 2013 a las 3:57pm Lo importante que he aprendido es dejar que fluya esa intuicion y que las conclusiones o las dudas a las que llegues por mas estrafalarias que creas que son, expresarlas.
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